“Naturaleza y tranquilidad cerca de todo”.

“Queremos que otras familias puedan disfrutar de los
atardeceres mágicos y las vistas de estas colinas privilegiadas”

HISTORIA

“Queremos que otras familias puedan disfrutar de los
atardeceres mágicos y las vistas de estas colinas privilegiadas”

Los siete hermanos Olivares Grohnert, actuales dueños de Hacienda Guay Guay, son los herederos de una larga tradición de amor incondicional por esta tierra que se inició a finales del siglo XIX, cuando los hermanos curicanos Alberto y Luis Labarca Walton (tío bisabuelo y bisabuelo respectivamente) pusieron los ojos en estas tierras del norte de Santiago. Gracias a su propio trabajo fueron comprando, uno a uno, siete fundos vecinos: San Luis, Chicureo, Santa Isabel, El Castillo, Al Alba, Valle Hermoso y Hacienda Guay Guay. No hay una cifra exacta de cuántas hectáreas reunían entre todos, pero sólo entre Guay Guay y Chicureo juntaban 11 mil hectáreas. La vida de esta familia giró en torno a estas tierras, compartiendo el tiempo entre Santiago y Guay Guay hasta que, Isabel Labarca y su marido Raúl Grohnert, se trasladaron a vivir a tiempo completo a la Hacienda en 1926. Esa fue la edad de oro de estos dominios: Grohnert, un visionario de origen alemán, llevó a la hacienda a su máximo esplendor. Diseñó el parque de dos hectáreas que existe hasta hoy y trajo la luz eléctrica con una turbina que mandó construir; además de sacar grandes dividendos gracias a la venta de leña, ganado vacuno, trigo de secano y chacarería. Sus hijas, las hermanas Isabel y Hortensia Grohnert Labarca heredaron Hacienda Guay Guay con mil 5 hectáreas de extensión. Sin embargo, en esos años, estas tierras aún valían muy poco. “Pero sentíamos que venía un cambio, que Santiago se acercaba. Se hablaba de eso, pero era algo lejano. Nunca pensamos que el momento iba a llegar tan pronto”, explica Mauricio Olivares, hijo de Isabel Grohnert.

Hasta que su tía Hortensia decidió vender su mitad de Hacienda Guay Guay en 1978, y empezó la parcelación de los terrenos. “Cuando vi el portón del primer condominio, Los Cóndores, no lo podía creer. Ahí nos dimos cuenta que la cosa iba en serio”, cuenta Raúl. Así fue como empezó a poblarse Chicureo y sus alrededores. Hoy, los siete hermanos Olivares Grohnert, son dueños de 2.500 hectáreas de Hacienda Guay Guay y han sido los últimos en decidirse a vender. “Nos ha costado mucho tomar la decisión. Es como dejar atrás nuestra historia, pero el boom inmobiliario es imposible de ignorar. Nos vamos a quedar solo con la casa patronal de Hacienda Guay Guay que son ocho hectáreas; dos de ellas son el parque que formó mi abuelo Raúl y que ya se ha abierto al público para ferias, eventos y matrimonios. Queremos que nuevas familias puedan gozar de estas tierras, de sus atardeceres y sus vistas al valle. Esperamos de todo corazón que lo hagan”, señala Raúl.

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